
¿Qué quieres para cenar? No lo sé. ¿Dónde quieres ir? Me da igual. ¿Qué película vemos? La que tú quieras.
Y, sin embargo, me paso el día decidiendo.
¿Qué funciona mejor: esto o lo otro? ¿Qué sobra o qué falta? ¿Este color? ¿Esta tipografía? ¿Lo dejo así o le doy otra vuelta?
Y, sobre todo, ¿por qué?
No siempre existe una única respuesta correcta. Hay muchas formas de resolver un mismo problema, y parte del trabajo está en encontrar la que más sentido tiene para cada proyecto y saber por qué.
No me interesa aplicar una misma fórmula a todo lo que hago. Prefiero partir de la idea, entender qué necesita cada proyecto y construir a partir de ahí un lenguaje visual propio.
Porque cada proyecto tiene algo diferente que decir. Y mi trabajo es encontrar cómo decirlo.
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